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La semana pasada, Werner Herzog se sentó con Todd L. Burns en el Museo Metropolitano de Arte en Nueva York para discutir la relación entre la música y las películas como parte de la Serie de directores de la RBMA. A los 74 años de edad, el trabajo de Herzog abarca más de 60 películas, documentales y series de televisión, así como 19 libros y guiones. Ha dirigido 27 óperas, actuado en más de una docena de películas y participó en la Bienal de Whitney en el 2012. La carrera excepcionalmente prolífica de Herzog podría resultar abrumadora para los que están comenzando a conocerla, pero las barreras para entrar son bajas: cada pieza del trabajo de Herzog recompensa porque lleva la marca indeleble de su estilo, que comenzó a tomar forma durante el movimiento de Nuevo Cine Alemán que inició a finales de los 60. Sus películas se filmaron con un personal mínimo y un presupuesto austero, con guiones a menudo improvisados luego de que el rodaje ya hubiera comenzado. La naturaleza inestable y surreal de su trabajo es una elección estética, seguramente, pero también es un derivado de su febril filmación estilo guerrilla –sin mencionar su humor sarcástico, frecuentemente transmitido a través de la voz inexpresiva característica del director, que se ha convertido en una especie de celebridad en sí misma. A lo largo del camino, Herzog se relacionó con un número de colaboradores musicales cercanos, especialmente Florian Fricke, de la banda de krautrock, Popol Vuh, y el compositor experimental, Ernst Reijseger, quien ha ayudado en la música de muchas de sus películas. En una conversación que abarcó casi dos horas y media, Herzog repasó sus recuerdos de cuando trabajó con ambos artistas (y otros), los que inspiraron el papel de la música en sus películas, y los que le dieron muchos de sus tremendos consejos de vida por excelencia. También reveló algunas de sus inesperadas –pero también muy Herzog– inspiraciones musicales, de las cuales hemos recopilado algunas a continuación.1. Elvis Como él mismo lo admitió, Herzog creció aislado de la mayoría de la música. No fue sino hasta finales de su adolescencia que comenzó a conectar con ella de alguna manera significativa –luego de que la exportación de la cultura pop americana de los 60 causara un pandemonio en su ciudad natal. “Apenas ‘entendí’ el mensaje cuando la primera película de Elvis llegó a Munich, y yo estaba ahí en la noche del lanzamiento”, explicó. “A los veinte minutos de la película, los jóvenes, en su mayoría chicos, se pararon de sus asientos, y demolieron el teatro silenciosa y metódicamente, y yo pensé ‘¡Esto es algo importante!'” 2. The Lion King Durante la plática, Herzog criticó la mayoría de los soundtracks de las películas por ser “muy intelectuales, [con] demasiadas ideas detrás [de ellos]. [Solo] en algunos casos, encaja”. Citó el tema de Hans Zimmer para El Rey León como una excepción importante, aludiendo a los motivos que tomó prestados de la música coral surafricana como “fenomenales” y como “Hollywood en su mejor momento”. Encontrado con risas sorpresivas de la audiencia, Herzog insistió en que hablaba en serio. “Hay algo muy grande [en la música] –cualquiera lo puede ver. No se necesita a alguien como yo para que lo reconozca”. 3. Fred Astaire Cuando se le preguntó sobre otras películas con un enfoque innovador de la música, Herzog dio otra respuesta sorprendente: “Fred Astaire bailando con su propia sombra [en Ritmo loco]”. Los ojos de Herzog se iluminaron mientras explicaba su elección inusual: “La música no es tan genial, y él no es un gran actor ni nada. [Pero] es un bailarín fantástico, y baila con su propia sombra. […] Es uno de los momentos más grandiosos del cine, porque es muy reducido: movimiento, luz, sombra, música. […] De repente –para nuestra sorpresa– la causa y el efecto ya no cuentan, porque se agacha y de pronto, su sombra se para [por sí sola]. Él trata de alcanzarla y cantar con ella”. 4. Popol Vuh Uno de los colaboradores tempranos de Herzog fue Florian Fricke, un pionero de la música electrónica y mente maestra de la banda de krautrock, Popol Vuh. Luego de apariciones en los primeros filmes de Herzog como pianista (un instrumento que Fricke tocó de manera proficiente hasta que una inflamación en sus ligamentos lo forzó a dejarlo), se convirtió en un colaborador frecuente, haciendo la música de Aguirre, The Wrath of God y otras siete películas de Herzog en un período de dos décadas. Fricke fue la segunda persona en poseer un sintetizador Moog, y compuso la música de Aguirre usando el Moog y un teclado que reproducía cintas de forma similar al Mellotron para crear su inquietante y trascendente tema. “Literalmente tienes que imaginarte una máquina que reproduce cintas de sonido paralelas”, explicó Herzog sobre el aparato. “Cada cinta tiene un tono diferente, y puedes acceder a él y tocarlo [como] un órgano de iglesia. [Fricke] dijo, ‘me gustaría hacer algo con un órgano de iglesia”, y yo dije, ‘Sí. […] Crea el espacio, crea el misterio, crea algo que nunca hayamos visto u escuchado’. La música mística de Fricke mejoró los paisajes vastos de los filmes de Herzog, una combinación que ayudó a dar forma a su estilo y distanció al director de sus colegas más eurocéntricos del movimiento del Nuevo Cine Alemán durante los 70. Aguirre ofrecía algo que la audiencia realmente nunca había visto o escuchado: sintes ominosos y coros fantasmales situados en las profundidades de la vasta selva peruana. Aunque su asociación creativa duró por muchos filmes, Herzog y Fricke se distanciaron eventualmente. A mediados de los 70, Fricke vendió su Moog a su colega compositor alemán Klaus Schulze (mejor conocido por su trabajo con Tangerine Dream), y comenzó a gravitar hacia nuevos estilos de composición, sonidos que eventualmente serían absorbidos por el movimiento New Age. Herzog no lo aprobó. Según el director, había un “tipo de balbuceo pseudofilosófico rodeando [a Fricke]… No me gustan ese tipo de cosas, y se lo dije”. Fricke murió en el 2001, y a pesar de sus diferencias, Herzog lo recuerda cariñosamente: “Siempre me agradó su presencia, y tuvimos una relación maravillosa. Realmente lo extraño”. 5. A choir of shepherds from Sardinia Cuando se le pidió crear una instalación para la Bienal de Whitney de 2012, Herzog desistió primeramente, sosteniendo que “no se sentía cómodo” con el arte contemporáneo. “Lo que he visto del arte contemporáneo es basura”, explicó el director. “Me siento incómodo; es demasiado intelectual, demasiado conceptual –en mi opinión– y realmente no me siento muy cómodo al respecto. Y dije ‘No, no lo hare’. El curador me dijo al teléfono ‘Pero, ¿tú no eres un artista? ¡A los artistas les encanta participar en la Bienal!’ Y dije ‘No, no soy un artista, soy un soldado’, y colgué”. Luego de algo de coerción por parte de su esposa, Lena, Herzog eventualmente se retractó, y el resultado fue una instalación llamada Hearsay of the Soul. Fue la primera instalación de videoarte del director, combinando proyecciones de grabados de paisajes del artista holandés del sigo XVI, Hercules Segers, con sonidos del compositor Ernst Reijseger y un coro de pastores de Cerdeña, Italia. Herzog describió el coro como uno que tiene “una forma muy extraña y antigua de cantar”. “Quise crear algo extraño”, dijo. “Casi un ambiente de expectativa. Luego de alrededor de un minuto de oscuridad, la luz salía lentamente en cinco pantallas, y elementos de los grabados de Hercules Segers se mostraban”. Recordando, Herzog describió la pieza como una oportunidad “para expresar las cosas que no puedo expresar en la literatura ni en las películas”.
Source: vice
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