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Antes de que llegara Uber y todos nos obsesionáramos con cuántas estrellas podríamos obtener por comportarnos bien en la parte de atrás de un Toyota Pirus, el transporte público era tan fundamental para las noches de fiesta como las papas fritas o la mefedrona. Para muchos de nosotros –léase: los que tenemos que aceptar el autobús nocturno para poder costear otra ronda de tragos– todavía lo es, y así como el club nos ofrece una expedición hacia un misterio rechinante y oscuro, el camino de ida y venida también es una aventura de por sí. Así sea saltando dentro de un adorable P4 a Brixton, deslizándote en el tranvía a Deansgate, o perdiendo la cabeza en el último Merseyrail a la ciudad, el traslado después del anochecer puede ser un experiencia arriesgada, pero rica, como el constante bamboleo de las botellas de vino mientras ruedan lado a lado en el piso, el hedor a vómito y loción, las lágrimas de rimel pegajoso y la lluvia abundante de abril. El transporte público en una gran noche de sábado es una odisea del escape suburbano y la promesa de una gran ciudad –un peregrinaje de zapatos pegajosos, ojos abiertos y barreras con cerrojos. Ahora acompáñanos mientras nos aventuramos por lo que se debe hacer y lo que no durante los viajes nocturnos sobre el pavimento roto, pausando solo para contar anécdotas chistosas y temporalmente en los semáforos. Prende los motores, recarga tu tarjeta, y por favor, avanza hacia el fondo del contenido.Via Flickr. 1. Coordinación Obviamente la coordinación es importante cuando se trata de tomar autobuses y trenes –el consejo en esta columna generalmente es más desarrollado que eso– pero su relevancia en tu felicidad se hace mucho más grande en una noche de fiesta. Por ejemplo, llega a una parada de autobús muy temprano en una noche de invierno y arriesgas sentir las punzadas gélidas en tus piernas mientras que el aviso de “12 MINS” en luces parpadeantes color naranja aparentemente reaccionan al frío, congelándose en el tiempo. Pero también, llega muy tarde y perderás el último autobús –de repente esa petición de una canción más cuando estaban en el apartamento te costó más que solo la queja sobre el ruido del jubilado de abajo que ha escuchado “Beezledub”, de Paleman 15 veces en una noche. 2. Seguridad en los números Si usas el transporte público en una noche de fiesta, viaja siempre en grupo. Claro que está la dimensión obvia de esto, que es que el transporte público en la noche no es el lugar más seguro para estar, así que tener un par de personas contigo minimiza el riesgo de ser golpeado o de que te roben tu Hula Hoop. Aunque, esa no es la principal razón por la que viajar por tu cuenta es una mala idea. La peor parte es tener que pasar por todas las expresiones faciales posibles mientras tratas de verte invisible ante la bridezilla cantando por el pasillo dando “besos con lengua” gratis. Se está acercando, y miras por la ventana aparentando estar pensando en tus cosas. Está a dos asientos de distancia, un borracho le acaba de dar un beso en la mejilla, y tú te pones a leer desesperadamente tu teléfono sin batería. Ya llegó, te está respirando en la cara y sus amigos te gritan “ANDA, DALE UN BESO”; puedes oler el vino, haces una mueca, sacudes la cabeza y dices “lo siento”, dices que no, y sus amigos gritan “AWWWWWWW”, ella pone una cara de tristeza falsa, se devuelve a su asiento y tu noche está arruinada antes de siquiera comenzar. Manejar la plática pública agresiva estando solo es un peso que nadie debería tener que cargar. Piensa con antelación; protégete. 3. Vatos de gira Hablando de pláticas públicas agresivas, tal vez no haya un sonido más distintivo para trasladarse por las noches que un revoltijo de vatos montándose en la cubierta inferior del autobús, o en el mismo vagón en el que estás tú. Probablemente te hundirías en tu asiento instintivamente, temiendo que tus próximos 30 minutos estén a punto de arruinarse con canciones de rugby y chistes sobre personas desconocidas, pero honestamente, ¡dales una oportunidad! A menos de que sean imbéciles reales, encontrarte con una noche de chicos en tu camino al club puede producir un clima que dejaría la cabeza rosa y redonda de Eno verde de la envidia. Uno de ellos está cantando Bon Jovi, mira, otro de ellos está tratando de bailar en el tubo, el irlandés está hablando súper alto sobre ser irlandés. La alegría de vivir es crucial para pasar el tiempo en trayectos de Earlsfield a Elephant y Castle. Veamos cuántas personas pueden entrar en la parte de atrás del autobús.Via Flickr. 4. Consumir drogas ¿Recuerdas un par de meses atrás cuando filmaron a ese trabajador citadino inhalando cocaína en el metro? Fue horrible, ¿no? La barriga caída, el cuello abierto, su cabeza tirándose hacia atrás mientras que recitaba el inmortal “Esto no es no es juego de niños”, como un villano de Hustle. Mi cuate cree que vio a alguien más haciendo esto en la plataforma el otro día –aparentemente en esta ocasión la cita memorable fue “Solo jalo un poquito los fines de semana, nada más, ¿ok?”– así que claramente es algo que pasa razonablemente a menudo. Si eres una de estas personas que aparentemente inhala grandes colinas de cocaína desde tus dedos esqueléticos y sudados, rasguñando los cristales con tus uñas ennegrecidas, por favor, ya para. Ya no lo hagas. Genuinamente preferiría ver a alguien cagando en un tren que presenciar las confusas justificaciones de su dependencia clase A, mientras que en voz alta tratan de convencerse a sí mismos y al resto de la línea norte que es “solo un poco de diversión para terminar el día”. 5. Estar drogado Habiendo dicho eso, no podemos impedir que consumas drogas antes de viajar en el transporte público. Si quieres experimentar las dichas del tren estando en tachas mientras se desliza por el muelle de West India, ¡adelante! 6. Beber Seguro que ya sabes que no debes beber en el transporte público, pero a la verga, las reglas se hicieron para romperse, y se hicieron para ser rotas por leyendas con latas de cerveza en bolsas de papel en sus manos y el olor de desodorante en sus fosas nasales. 7. Poner música Las probabilidades indican que no seas tú la persona que pone música en el autobús. Poner música en el autobús, especialmente si le subes el volumen a través de una bocina de algún tipo, requiere de un tipo especial de confianza interna que solo pocos poseen. Bailar el vals en un camión lleno de pasajeros, abarrotados en sus asientos como en bancos de iglesia, y comenzar a acribillar los freestyles de Bugzy Malone desde tu teléfono es decirle al mundo: estoy aquí y no seré perturbado. Montarte en un autobús solo y poner música alta sin siquiera sentir un ápice de vergüenza ni presión social requiere de una seguridad mental tan sólida que es algo prácticamente sobrehumano. Esta persona probablemente no eres tú, así que cierra esa lista de reproducción de los éxitos de Gorillaz que acabas de abrir en Spotify y guarda tu teléfono.Via Flickr. 8. Vomitar ¿Sientes restos ácidos subiendo hacia tu boca? ¿Burbujas de gas pasando por tu pecho? ¿Saliva espesa y pegajosa descomponiéndose en tu boca? Trata de no vomitar en el transporte público, si puedes. En lugar de eso, podrías enfocarte en el lugar más aburrido del vehículo –una salida de emergencia, el patrón en el cojín de la silla, la teoría de tu cuate de porqué Corbyn no puede ganar– y fingir que te sientes bien hasta la próxima parada. No será fácil, y los hilos de mucosidad color naranja bien podrían ganar, pero mantén tu cabeza abajo, hay un bote plástico traslúcido en Kennington con tu nombre escrito. 9. Hacer amigos Este es un motivo de discordia recurrente entre mis amigos. Tengo cuates que creen que hablar con extraños es algo chido y perfectamente normal, y que habla del común denominador de la humanidad cuando nos reconocemos a nosotros mismos en esas personas desconocidas. Sin embargo, soy del tipo que piensa que ya he hecho mis amigos a través de un extenso proceso de ensayo y error, entonces, ¿por qué apostaría por una manada de estudiantes de medicina camino a una fiesta en Elrow? De cualquier manera, las probabilidades son que tal vez vayan todos a fiestas diferentes, así que lo peor que puede pasar es que alguien llamado Henry con una camisa Oxford azul te diga 30 veces que eres una leyenda mientras se baja en Clapham Junction. Habiendo dicho eso, obviamente no trates de envolver a alguien en una conversación. Hacer eso en un autobús es tan digno como tener sexo en el baño de un Starbucks. 10. Quedarse dormido Nos pasa hasta a los mejores de nosotros. Tal vez tu Big Mac se enfrió, pero oye, al menos por fin vas a conocer Woking. Sigue a Angus en Twitter.
Source: vice
Cómo sobrevivir al transporte público en una gran noche de fiesta

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